El domingo me llevé una gran sorpresa cuando en la tapa del diario Perfil ví una nota que hablaba del Síndrome de Down y las operaciones estéticas para “mejorar algunas cuestiones” relacionadas al habla o la vista o simplemente para “evitar que los rasgos no se noten”.
Esto me hizo reflexionar acerca de varias cuestiones: de lo que son capaces las personas que intentan tomar decisiones por sus hijos para sentirse ellos mejor o para tratar de que la gente no se diera cuenta de “algo llamado Síndrome de Down”. Creo que esta situación es grave, que no comparto para nada una decisión de este tipo, que los diferentes definitivamente son los que deciden realizar esta esto cuando no es necesario.
Por otra parte algo que me hizo seguir reflexionando y es la manera de comunicar del diario y en especial de la periodista Silvina Marquez y Pedro Ylarri, que simplemente decidieron usar algunas palabras y no otras al escribir la nota.
¿A qué me refiero con esto?
Simplemente como Hermana de Josefina que tiene Síndrome de Down y como comunicadora social me parece que los medios cumplen un gran papel en la integración social de las personas con discapacidad. Hay que tomar esto como un compromiso, porque se puede informar o desinformar.
Para no aburrirlos quiero citar algunos términos que no considero adecuados y que se usaron en la nota, más allá de no estar de acuerdo con el enfoque.
“Otros valientes familiares de chicos”, para referirse a los que se animan a contar que quieren operar a sus hijos. Valientes son las personas que deciden ante todo la integración, la estimulación, la felicidad de sus hijos/ familiares.
“Personas con estos problemas”, para mencionar a la gente que tiene Síndrome de Down. El Síndrome no es un problema, no se tiene que mencionar así, tener un problema es otra cosa.
A continuación les dejo la nota para que la lean y reflexione…
La chica con Down que fue operada para no ser diferente
Cuando Carolina tenía 4 años, su mamá, Rosa, tomó una decisión muy difícil: autorizó una cirugía plástica para reducir el tamaño de la lengua de su hija y atenuar los rasgos “achinados” de los ojos. Carolina había nacido con el síndrome de Down, una alteración genética que afecta al 10% de los hijos de las mujeres mayores de 40 años. “Yo quería verla distinta y no me arrepiento”, admite la madre, en un acto de valentía que refleja una tendencia a estas intervenciones, no sólo en nuestro país. Los especialistas respetan esas decisiones e indican que la clave es reforzar la identidad y la familia.
“¿Pero usted qué quiere, borrarle la cara?” Esa fue la pregunta que le hizo un cirujano plástico a Rosa Méndez cuando lo consultó sobre la posibilidad de atenuar algunos rasgos de su hija Carolina, quien había nacido con síndrome de Down en noviembre de 1980.
La niña, además de tener 47 cromosomas en lugar de 46 como la mayoría de las personas, salió del vientre materno con varios problemas del corazón, y sólo pudieron operarla del corazón al cumplir un año, cuando llegó al peso necesario para soportar la intervención. Mientras tanto, la deficiencia en el corazón le afectaba su respiración, y eso, sumado al gran tamaño que tenía su lengua debido a su problema genético, hacía que Carolina pasara mucho tiempo con la boca abierta: “No lo podía soportar”, cuenta su mamá a PERFIL casi treinta años después. Fue durante esos primeros meses que Rosa pensó que tener un hijo con síndrome de Down era demasiado para ella y “no podía conformarme con esta situación”. Expresando su estado de ánimo como una mezcla de angustia y desesperación “pensaba: la voy a mejorar”, se anima a revelar a este diario. Y lo hizo, porque para Rosa, era lo correcto. Soportó preguntas como las del cirujano, y en ese afán de búsqueda y ante el rechazo de dos especialistas en operar a Carolina, conoció al cirujano plástico Luis María Ripetta, director de la clínica homónima del partido de Vicente López, quien además de realizar otras cirugías estéticas operaba a chicos con síndrome de Down.
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Fuente: Diario Perfil